Vamos a ver, dijo un ciego

Estos cuatro días que no pude ver escuché lo siguiente: Tres goles de Javier Cámpora (y ya uno era milagroso). Que los nazis quemaron el Reichstag en 1933. Pájaros. El potente motor de la bomba del vecino. La voz, llanto, gritos, saludos de mi sobrinita. Granados Chapa a su propio ritmo semilento.

Olí el gas que se fuga de la estufa.

Ireri aprendió a inyectar dolac.

Vomité y lloré de dolor por primera vez en décadas y casi me volví no un emo, sino lo que Krystoff piensa de ellos.

Amenacé con volverme un marido ciego celoso y ultra posesivo y de olfato agudo.

Cumplí.

Tuve una pruebita de cómo viviremos todos a los noventa años. Incluso eso tiene sus pros.

7 comentarios:

  1. Hubieras desarrollado eso de los "pros" je je

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  2. vientos, ahora de vez en vez vas a jugar a que no ves, y será divertido, lo sé lo sé.

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  3. bienvenido de nuevo a la vida de las cosas que se ven con los ojos. ¿vas a dejar de usar lentes? Gracias.

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  4. Sí, voy a dejar los lentes, especialmente por los pros.

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  5. Oye, por que tenias dolor? Esa parte no me quedo clara.
    Tampoco lo de los celos: no dicen por ahi que "ojos que no ven"...?
    Felicidades por tu nueva vi(st)da.

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  6. Es horrible el trance post operatorio. Yo la pasé fatal, en ese tiempo aún cuando todavía vivía en lacas familiar, estaba sola en la ciudad -era semana santa y todo andaban en la playa-, y ni quien me inyectara dolac, así que a tomar Ponstan 500, que de tan fuerte me tumbaba literalmente. Horrible

    Pero se hizo la luz y yo veía hasta lo que nó, exclamando "pero como brilla todo"

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Caricaturista de Puebla./ La Caricatura en Puebla.