Ricardo contra las ratas de alcantarilla

Hoy me enfrenté contra una rata en el patio de servicio. Fue un duelo de estrategias. No como mi duelo nocturno contra el mosquito lento de zumbido estruendoso. ¿Qué mosquito puede sobrevivir así? Contra esta rata, que ya tenía nombre, Ximil, y que según varios testigos había pasado hace un año, todavía joven, corriendo a toda velocidad desde el jardín hasta el patio de servicio y, tras búsquedas escobas en mano, venenos encapsulados, cubetadas de agua hirviente y engrudo regular para pegar carteles, desapareció así nomás sin dejar huella. Hasta hoy, que regresó convertida en una gorda y nada pixaresca bestia.

 


Me encerré con ella entre las cuatro paredes del patiecito de servicio, como en los hexágonos de peleas a muerte, como en los westerns Golpeé la bolsa de basura, de la que salió corriendo y se fue literalmente por el caño del lavaderito hacia las cloacas. Esta rata, descubrí su modus operandi, venía cada tres días, abría la bolsa de basura, degustaba algunas basuras orgánicas y volvía al anonimato, aprovechando que nosotros nunca íbamos a su guarida, más que a correr, que ahí viene la basura.

Frase hecha apropiada para este momento: Cuál sería mi sorpresa. Pues cuál sería mi sorpresa, al verme víctima del destino un par de horas después. Cuando me encontró en un lote baldío del Paseo de San Francisco, a kilometros del patio de servicio, cargando unos libros yo, y saltando entre la hierba ella; gritando yo. Tú ganas, le dije. Déjame ir en paz.

Yo mimé conmigo

Mi colaboración para "conversaciones ajenas" es una conversación propia. Una chica se despide de su amor en la puerta. "Me haces muy feliz", le confiesa.

-Y yo a ti, contesta el redundante enamorado.

The card is just not a card!

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Sí, ya, gracias.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-No, no me interesa.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-No me la darían, mi hermana defraudó al banco.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Todos los días me dices lo mismo. Algún día me convencerás.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Rof, guarf.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Qué te pasa, yo soy el que las doy.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Espera. ¿Tú eres el que llama en las noches para cobrarme?

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Las que te adornan.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Tengo flores en tu pelo.

-¿Ya tienes tarjeta de crédito?

-Así se llama mi perro.

-¿Y usted, ya tiene tarjeta de crédito?

Hierbabuena

Actualización. La hierbabuena tiene una plaga. La hierbabuena es mi consentida de todas las plantas. De verdad, la amo como la mascota que nunca tuve. Alguna vez tuve un pez, Noé, pero saltó al suelo al segundo día, el maldito. Creo que Noé no puede ser medida de amor alguno. Uno tiene que poder acariciar, oler al objeto de su amor. Prepararse mojitos con él. Quitarle la lombriz.

Tambien llueve en Second Life

Entras a Second Life y te haces un personaje más a modo, mejor favorecido, más simpático, que habrá de caerle mejor a la gente que, como tú, vuela, charla, trabaja y se encuera de medio tiempo en su computadora, por el puro gusto.


Nunca falta, claro, el que resulta más pesado en Second Life que en la vida normal; y se va trasladando, al paso de las horas muertas, con su peinado excéntrico, al rinconcito más cutre del idilio, porque no puede algo mejor que sentarse al piano (sin tocar).