El apocalipsis indigente

Análisis de la película No quiero dormir solo de Tsai Ming Liang por Jorge Ayala Blanco (26 de noviembre de 2007)
En No quiero dormir solo (Hei yan quan, Taiw√°n-Malasia-China-Francia-Austria, 2006), octavo filme del genio del hiperrealismo taiwan√©s de regreso a su Malasia natal a los 49 a√Īos Tsai Ming-Liang (El r√≠o 97, ¿Qu√© hora es all√°? 01) el bello vagabundo callado Hsiao-Kang (Lee Kang-sheng, el actor-fetiche de Tsai) sufre una golpiza pavorosa en los suburbios miserables de la multi√©tnica capital malaya Kuala Lumpur, es rescatado por trabajadores nativos de Bangla Desh, depositado en un cubil-colmena para inmigrantes y puesto en manos del desempleado Rawang (Norman Bin Atun), quien lo cuida devotamente, le frota ung√ľentos con unci√≥n y, sinti√©ndose m√°s que atra√≠do por su cuerpo, le comparte un colch√≥n recogido en la calle, pero, apenas recuperado, el muchacho tambi√©n se convierte en objeto del deseo de la meserita de cafeter√≠a Chyi (Chen Shiang-chyi), padeciendo juntos la imposibilidad de hallar alg√ļn lugar donde copular, as√≠ como de la madura jefa del establecimiento (Chua Pearlly), quien sexoconfunde al joven convaleciente con su hijo comatoso en un lecho de hospital (Lee Kang-sheng en un segundo papel), hasta que una pest√≠fera neblina espesa se apodere de la ciudad, provocando la mudanza de todos hacia otros refugios para intentar sobrevivir.
Lee Kang-sheng en No quiero dormir solo.
El Apocalipsis indigente obliga a ser le√≠do y padecido, entre la lentitud y el silencio, como una ca√≥tica y enigm√°tica funci√≥n dram√°tico-atmosf√©rica que s√≥lo se expresa en t√©rminos pl√°sticos y de fragmentaci√≥n del espacio, una fuliginosa fotogenia depresiva en los exteriores, un deprimido magma ret√≥rico de planos fijos y eternos, una horrenda mueca moribunda ya con El hocico abierto (Pialat 74), un horadado inframundo, un abandonado edificio en construcci√≥n-reducto cuyos abismos conc√©ntricos se abren omnipresentes, un ir√≥nico uso-bombardeo de baladas populares en off, un clandestino y esetrellado juego de espejos y reflejos de las mujeres coludidas masajeando/manoseando/meti√©ndole arteras manos al cuerpo-Teorema pasolinesco de todos tan temido cuan codiciado, una mariposa residual que se posa en el m√°s femenino de los hombros viriles, y una obsesiva metaf√≠sica de los colchones usados como camilla por las calles, transportados a duras penas sobre la cabeza, pulguientos, lavados a cepillo rajapiedras, comparatidos cual favorecedores de una promiscuidad impedida, o dolorosamente heridos en su fl√°cida blandura-reflejo de sus due√Īos.
El Apocalipsis indigente dicta su lentitud emotiva, minimalista, cadenciosa e hipn√≥tica para darle s√≥rdida forma sublime al deseo, a la ternura y la humilde solidaridad a un mundo devastado. Y el Apocalipsis indigente desemboca como √ļltima instancia de su feneciente rugido visual, en un abstra√≠do colch√≥n flotante con los tres sobrevivientes y prolongando el desmembramiento del h√©roe bisexualmente atrapado.