Lucrecia Martel en MĂ©xico

"Esta actividad nuestra del cine es de la  supremacĂ­a blanca y de la clase media alta.


En esta sala (Miguel Covarrubias), que no se cuantos hay, solo un chico viviĂł en el barrio más pobre de MĂ©xico. ¿QuĂ© significa? Que el discurso del cine está en manos de la gente blanca, o casi blanca o medio blanca o que se cree blanca, de clase media alta. Esa es la pobreza de la que casi no puede sustraerse nuestra actividad y lo venimos arrastrando desde que empezĂł el cine; y ya estamos en el 4D y todavĂ­a no podemos superar que el cine sea producido por otra gente. Partiendo de esa pobreza es en lo que estamos inmersos... Imaginen quĂ© pobreza cuando el cine solo lo hace quien transita por los mejores barrios de las ciudades. ¡QuĂ© difĂ­cil levantar el nivel del cine!. Y en todos lados el cine está en manos de la misma gente: "gente muy viajada,  con buen gusto para la comida, un cierto gusto para la ropa canchera y los anteojos". Y de esta tontera hay que intentar perturbarse. Para intentar hablar --no de otros barrios porque podemos meter la pata--, sino de hablar de nosotros mismos, hay que sacudirse un poco de esta cultura tan limitada. Si bañarse en nuestro barrio significan 20 segundos, lo contamos en 5 planos. Pero cĂłmo cambia la narrativa y la construcciĂłn de una escena el contar bañarse en otro barrio con más dificultades: implica levantarse  muy temprano, caminar hasta un lugar, recoger el agua, llevarla, calentarla, mezclarla y luego bañarse. Eso por lo menos son doce planos. Eso es de lo que tenemos que  sacudirnos: Cuando hablamos de nuestras cosas pensamos que hablamos de todos; cuando decimos bañarnos nos imaginamos nuestro bañar. Imaginen esto multiplicado a otras cosas como el amor o el deseo. Y eso no es menor en el cine. Las palabras que usamos en nuestro guiĂłn son palabras que tienen un sentido y una duraciĂłn que solo sirven para nuestro mundito y que yo llamo la supremacĂ­a  blanca".
LUCRECIA MARTEL, EN FICUNAM 2018

Luis Ricardo Ramos